Mentira

«Damos al niño alimento nutritivo para que su cuerpecito crezca, y del mismo modo debemos proporcionarle alimento adecuado para su crecimiento mental y moral. Del mismo modo que no podemos ayudar directamente a su cuerpo a crecer hasta convertirse en un hombre, tampoco podemos formar su mente o su carácter por él.» -María Montessori

Cuando los niños mienten, pueden desencadenar fuertes reacciones en nosotros como adultos. Pensamientos como Están siendo manipuladores, Es irrespetuoso o ¿Puedo fiarme de ellos? pueden aflorar rápidamente. La honradez es fundamental en las relaciones adultas, por lo que la falta de honradez de un niño puede sentirse como algo personal, como un desafío a nuestra autoridad o una ruptura en nuestra relación.

Mark estudiaba en la escuela primaria. Era hijo único, y sus padres eran… bueno, digamos que estaban muy implicados. Mark no podía hacer un movimiento sin que sus padres le corrigieran. Los dos eran personas muy cariñosas, por lo que pude ver, pero cuando Mark llegó al colegio y nadie vigilaba cada uno de sus movimientos, empezó a poner a prueba algunas de sus nuevas libertades. Esto incluía desafiar en silencio las normas de clase, hacer daño a las mascotas de la clase y, a veces, herir físicamente a otros niños. El problema era que cada vez que se confrontaba a Mark, mentía sobre el incidente, tergiversando los hechos, culpando al otro niño o negando rotundamente que hubiera ocurrido. Esto no sólo enfurecía a sus profesores, sino también a sus compañeros. Sin la verdad, parecía imposible avanzar en la resolución de los problemas.

La situación con Mark se agravó tras la fiesta de cumpleaños de un amigo en la piscina del YMCA local. Durante la fiesta, Mark empujó al cumpleañero, David, bajo el agua, haciéndole forcejear e inhalar agua. Al ser interrogado por ambos padres, Mark lo negó. Comprensiblemente, el padre de David estaba furioso, una reacción con la que yo me sentía identificada, pues me había enfrentado a Mark por un comportamiento similar en clase. El lunes, el padre de David me contó lo ocurrido. Aunque no lo dijo abiertamente, había un trasfondo que comunicaba: «¿Cuánto tiempo vais a mantener a este niño en nuestra escuela?».

Por qué mienten los niños

Los niños mienten por muchas razones. Pueden esperar no meterse en líos, escapar de una tarea o consecuencia no deseada, obtener aprobación o evitar decepcionar a alguien a quien quieren. También pueden mentir por razones prosociales: para no herir los sentimientos de alguien, por educación o para proteger a un amigo de la vergüenza. Comprender esta gama de motivos nos ayuda a responder con claridad en lugar de con frustración.

Aunque mentir es ciertamente un mal comportamiento, también es típico del desarrollo. La mayoría de los niños experimentan con la mentira a medida que crecen sus capacidades cognitivas y sociales. Las investigaciones demuestran que la mentira surge junto con el desarrollo de la teoría de la mente, es decir, la comprensión de que los demás tienen pensamientos, creencias y percepciones diferentes de los propios. Se trata de un elemento clave del desarrollo social sano. Por ejemplo, un niño puede oír a un profesor decir que todos los vertederos estaban llenos de agua, y luego darse cuenta de que uno está vacío. Darse cuenta de que el profesor cree algo falso indica que el niño está desarrollando la teoría de la mente. Una vez que los niños comprenden que los demás pueden no saber lo que ellos saben, surge una nueva posibilidad: pueden influir en la creencia de otra persona (Talwar, 2008).

Los niños pequeños no mienten porque sean inmorales; están desarrollando nuevas capacidades cognitivas y conciencia social, sobre todo la toma de perspectiva, y aprendiendo a resolver problemas de formas nuevas. Un niño de tres años que se come una galleta y lo niega -con migas en la cara- no está siendo calculador. Sabe que su padre está enfadado y empieza a comprender que su padre tiene conocimientos distintos de los suyos. Esto presenta una oportunidad para resolver este problema de una forma nueva: afirmando algo que no es cierto. La mentira es obvia, pero exploratoria.

Los niños mayores, sin embargo, desarrollan una mayor conciencia social y empiezan a elaborar historias más intencionadas y convincentes, como culpar al perro de la galleta desaparecida y espolvorear migas como «prueba». Este cambio refleja una creciente sofisticación cognitiva, conciencia social y comprensión ética (Talwar y Lee, 2008).

A medida que los niños van comprendiendo que sus afirmaciones conforman lo que creen los demás, también empiezan a desarrollar un sentido de responsabilidad moral, una característica del Segundo Plano de Desarrollo de la Dra. Montessori. Durante esta etapa, los niños se vuelven especialmente sensibles a la equidad, la justicia y la acción correcta. Cuando se dan cuenta de que una declaración falsa puede engañar o perjudicar a alguien, empiezan a experimentar el impacto social y ético de la honradez. Esto hace que los años de primaria sean un momento crucial para aprender que la veracidad genera confianza, seguridad y justicia dentro de su comunidad: que la honradez es la base de unas relaciones sanas y seguras.

En el caso de Mark, sus mentiras causaron discordia entre sus compañeros y tensaron las relaciones tanto con sus compañeros como con sus profesores. Era necesario abordar su comportamiento, que también ofrecía una valiosa oportunidad para ayudarle a desarrollar la honradez, la responsabilidad y las habilidades para relacionarse.

Consulta «El resto de la historia» al final de este artículo para saber cómo acabaron las cosas con Mark.

La mentira y los planos de desarrollo

Niños pequeños (menores de 3 años) – En los primeros años del primer plano, los niños aprenden imitando, explorando y respondiendo a los adultos que les rodean. No mienten con intención. Cuando un niño pequeño dice algo que no es cierto, suele ser porque aún está ordenando la realidad o porque espera evitar una reacción negativa. Un niño que rompe un vaso y lo niega no está siendo engañoso en el sentido adulto: no quiere decepcionarnos (Evans y Lee, 2013).

Casa de los Niños (3-6 años) – En la segunda mitad del primer plano de desarrollo, los niños empiezan a desarrollar el pensamiento simbólico, a experimentar con la imaginación y a ser más conscientes socialmente. Sus falsedades suelen ser evidentes: miran directamente el objeto que dicen no tener o cuentan historias que se desmoronan rápidamente. En esta etapa, los niños pueden exagerar, negar responsabilidades o «complacer a la gente» (Talwar y Lee, 2008). Sus motivos son simples: buscar aprobación, evitar disgustos, mantener la conexión o poner a prueba los límites (Guo y Rochat, 2025).

Elemental (6-12 años) – En el segundo plano, los niños pasan del razonamiento concreto al abstracto, lo que les proporciona más herramientas cognitivas para dar forma a la verdad. Sus mentiras se vuelven más sofisticadas y socialmente motivadas. Pueden tener como objetivo protegerse a sí mismos o a su reputación, preservar amistades, suavizar tensiones sociales, corregir lo que consideran una injusticia o evitar consecuencias. En esta etapa, las mentiras suelen ser mentiras piadosas, narraciones creativas, culpar a otros, exagerar, adular u omitir hechos clave. Los niños mayores de primaria también pueden construir y mantener narraciones creíbles, como Mark en el ejemplo inicial (Talwar y Lee, 2008).

Adolescencia (12-18 años) – A los adolescentes les mueve una profunda necesidad de identidad, autonomía y pertenencia. Con una mayor conciencia de sí mismos y razonamiento moral, sus momentos deshonestos suelen reflejar motivaciones más complejas: buscar la aceptación de los compañeros, proteger el estatus social, gestionar la autopresentación o poner a prueba la autoridad. Sus mentiras suelen ser más intencionadas, menos impulsivas y están ligadas al trabajo de formación de su identidad. Las falsedades suelen ser más difíciles de detectar por los adultos y pueden incluir medias verdades, minimización, tergiversación, omisión, ocultamiento a los adultos y mentiras de conformidad (decir pero hacer no).

Preparar el entorno y al profesor

El entorno y el profesor desempeñan papeles vitales en la creación de una atmósfera en la que los niños se sientan seguros y animados a decir la verdad. En las aulas Montessori, hacemos hincapié en la colaboración, la comunidad y los procesos democráticos más que en el castigo. El entorno permite a los niños explorar la honestidad en el contexto de las relaciones sociales reales. En resumen, los niños pueden aprender de sus experiencias con seguridad porque consideramos los errores como importantes oportunidades para aprender. Recuerda que los niños están programados para conectar -para encontrar pertenencia-, de modo que la motivación hacia los comportamientos prosociales está «incorporada», pero las habilidades y destrezas para obtener esas conexiones se aprenden (Over, 2016). Sin embargo, aprender socialmente es un asunto complicado.

  • Conexión – «La conexión antes que la corrección» es un principio fundamental de la Disciplina Positiva en el Aula Montessori. Aceptar a los niños por lo que son, donde están -no donde desearíamos que estuvieran- es un ingrediente insustituible en la receta de una relación de confianza. La confianza surge de la conexión, y es más probable que los niños que confían en los adultos digan la verdad. Incluso cuando los niños cometen errores y no dicen la verdad, una relación de confianza les facilita admitir su paso en falso. Si las mentiras se vuelven frecuentes o surgen patrones en el aula, el primer paso es siempre buscar dónde puede reforzarse la conexión, especialmente con los niños con los que puede resultar más difícil conectar.
  • Evita la permisividad – Los entornos permisivos crean condiciones en las que los niños pueden ser más propensos a la deshonestidad. Los límites poco claros, la incoherencia y el escaso seguimiento pueden llevar a los niños a manipular la verdad para conseguir lo que quieren o para evitar tareas y retos no deseados. Los adultos permisivos pueden considerar este comportamiento como una «etapa» y evitar abordarlo directamente. Aunque mentir puede ser, de hecho, una etapa, no abordarla roba la oportunidad de desarrollar una importante habilidad vital: la honestidad.
  • Evita el rigor – Los entornos autoritarios o demasiado estrictos también pueden fomentar la deshonestidad. Las consecuencias punitivas, la falta de calidez y las expectativas rígidas pueden tensar las relaciones entre adultos y niños. En estas condiciones, los niños pueden mentir para evitar el castigo o disgustar a los adultos. Las duras respuestas de los adultos a la deshonestidad suelen fomentar más secretismo y furtividad.
  • Vigila las reacciones fuertes – Todos tenemos «botones» que se tocan con determinados comportamientos, y la mentira es uno de los más comunes en muchos adultos. Puede sentirse como una traición o incluso como un ataque personal. Si la mentira desencadena una fuerte reacción en ti, tómate tu tiempo para calmarte antes de dirigirte al niño. Aborda la situación más tarde con amabilidad y firmeza, o pide a un colega que intervenga. Recuerda: una respuesta dura o emocional puede fomentar más deshonestidad en lugar de menos.
  • Reuniones de clase – Una de las «reglas» de mis reuniones de clase era que nadie se «mete en líos». En lugar de eso, nos centramos en identificar la causa de los problemas (pensamiento crítico) y resolverlos. También dedicamos tiempo a enseñar a los niños a responsabilizarse de su papel en un problema. En una Reunión de Clase bien llevada, no es raro oír a un niño exclamar, sin que nadie se lo pida: «Sí, yo también me burlé de ti. Lo siento». Nos centramos en las soluciones, no en las consecuencias, y los errores se convierten en oportunidades para aprender.

Habilidades de Gracia y Cortesía

Las lecciones de Gracia y Cortesía ayudan a los niños a desarrollar habilidades sociales que fomentan la pertenencia (aceptación) y la importancia. Enseñar estas habilidades es un proceso de tres partes, similar a una lección de tres periodos: Lección – Enseñar explícitamente la habilidad que falta o se ha quedado atrás. Práctica – Proporciona oportunidades para practicar mediante juegos de rol y experiencias de la vida real, permitiendo a los niños cometer errores y aprender de ellos. Aplicación – Fomenta el progreso, no la perfección. Tómate momentos tranquilos para reconocer y animar a los niños mientras aprenden a aplicar nuevas habilidades.

  • Una verdad ouna mentira- Utiliza lecciones adaptadas al desarrollo para hablar de la diferencia entre la verdad y la mentira. ¿Por qué es importante decir la verdad?
  • Tipos de mentiras-Haz una lista de los distintos tipos de falsedades con alumnos de primaria y adolescentes. Después haz una lista de alternativas. Por ejemplo, la alternativa a una exageración es exponer los hechos con exactitud, etc. Haz demostraciones de las falsedades y sus alternativas. Discute su impacto en las relaciones.
  • Empatía-¿Qué sientes cuando alguien te miente? ¿Qué podrías pensar y decidir? ¿Por qué alguien podría decir una mentira?
  • Qué hacer cuando un amigo te miente-Con los niños más pequeños, comparte una lista de algunas respuestas amables y respetuosas que los niños pueden utilizar cuando alguien les miente: «Eso no parece la verdad. La verdad es ________. No me gusta que me mientas. Por favor, dime la verdad». Con niños de primaria y adolescentes, haz una lista de respuestas amables y respetuosas con los alumnos. Representa las respuestas y discute su impacto.
  • Enmendar las cosas –Enseña a los niños las Tres R de la Recuperación (PDMC, pp. 211-212). Las Tres R de la Recuperación incluyen reconocer el error con responsabilidad, reconciliarse expresando comprensión por los sentimientos heridos y resolver el problema centrándose en las soluciones. Ejemplo: «No dije la verdad sobre tu lápiz. Lo cogí. Seguro que te sentiste triste. Aquí tienes tu lápiz». Con los niños más pequeños, puedes enseñarles simplemente a disculparse en dos pasos: reconocer y disculparse: » He cogido tu lápiz. Lo siento». No obligues a los niños a disculparse, pues esto perpetúa la mentira.
  • Escucharactivamente- Aprender a escuchar activamente es una de las mejores formas de invitar a una comunicación abierta y sincera. Enseñar a los niños de primaria y adolescentes a escuchar abierta y activamente les ayuda a crear una atmósfera en la que es seguro que alguien diga la verdad. Enseña y practica la Escucha Reflexiva (PDMC, pp. 186-190).
  • Decir la verdad cuando es difícil –Haz una lista de situaciones en las que podría ser difícil decir la verdad (podrías «meterte en problemas», la gente podría no aceptarte, podrías herir los sentimientos de alguien). Después haz una lista de ideas sobre cómo decir la verdad en esas situaciones (hazles saber que te importan, comparte tus sentimientos, hazles saber que te gustan). Practica esas ideas mediante juegos de rol.
  • Decir «No» educadamente:enseña a los niños a ofrecer una alternativa si no les gusta lo que otra persona elige u ofrece: «No me gusta la mantequilla de cacahuete con mermelada, gracias. Pero me gusta sólo la mantequilla de cacahuete». «No me gusta el baloncesto, pero me encantaría jugar al fútbol contigo».
  • Mensajes I-Hay libros y cursos enteros para adultos sobre cómo dar mensajes difíciles. Quizá podamos ayudar a la próxima generación a ahorrar un poco de dinero y enseñar esta habilidad a una edad temprana. Lo más fácil es compartir los sentimientos y centrarse en las soluciones. El Lenguaje Yo es una forma sencilla de ayudar a los niños a compartir sus sentimientos con sinceridad y luego centrarse en las soluciones. Ejemplos: «Me siento triste cuando te burlas de mí. Me gustaría que no lo hicieras». Los mensajes de Desagrado y Deseo funcionan bien para los niños más pequeños y también incorporan compartir sentimientos y centrarse en soluciones: «No me gusta cuando me empujas. Ojalá usaras tus palabras». Enseña directamente y practicad juntos.
  • Ser quien eres bajo presión-Ésta es una habilidad especialmente importante para los alumnos mayores de primaria y adolescentes. Haz una lista de situaciones en las que podrías sentirte presionado a decir algo que no crees o a actuar de un modo que no representa quién eres realmente. Después, haz una lista de alternativas a las respuestas inauténticas. Asegúrate de discutir cómo se pueden sentir cuando han sido auténticos frente a los inauténticos.

Respuestas generales

  • Ignorar y redirigir:con los niños pequeños (de 2 a 3 años), cuyas afirmaciones falsas suelen ser experimentales, está bien ignorar una falsedad en lugar de abordarla directamente. Di amablemente la verdad y luego pasa a otra cosa: «Ésos son los zapatos de Sam. Estos son tus zapatos. ¿Quieres que te ayude?»
  • Lee literatura sobre la honradez –Contar historias es una forma antigua y profundamente eficaz de enseñar comportamientos y virtudes prosociales. Asegúrate de dejar tiempo para hacer preguntas y explorar juntos la historia. Libros para niños más pequeños: Sam, Bans & Moonshine de Evaline Ness, El oso se comió tu bocadillo de Julia Sarcone-Roach y La olla vacía de Demi. Para niños de primaria: Charlie y la fábrica de chocolate de Roald Dahl, Mentiroso, mentiroso de Gary Paulsen. ¡Hay muchos más!
  • Céntrate en el comportamiento, no en el carácter-Dirígete al comportamiento del niño, no a su carácter. La honradez es una habilidad que hay que desarrollar, no un rasgo inmutable, y cambiando el comportamiento es como crece el carácter. Cuando juzgamos el carácter de alguien, puede resultar abrumador y desalentador: un ataque a lo que es y no a lo que ha hecho.
  • Evita las suposiciones:las suposiciones, incluso las correctas, comunican que el adulto ya ha tomado una decisión. El veredicto está decidido, así que ¿para qué decir la verdad? Las suposiciones invitan a ponerse a la defensiva e incluso a avergonzarse. Cuando los niños se sienten juzgados o incomprendidos, una mentira puede parecer la forma más segura de protegerse. Además, ¡podemos estar equivocados!
  • Haz preguntas de curiosidad conversacional:en lugar de preguntar «¿por qué?» -una pregunta que suele desencadenar actitud defensiva y deshonestidad-, haz preguntas del tipo «¿qué?» y «¿cómo? Aborda la situación con auténtica curiosidad en lugar de culpar. Te sorprenderá la frecuencia con que esto saca a relucir la verdad y genera confianza. Para saber más sobre las Preguntas de Curiosidad Conversacional, consulta PDMC, pp. 194-199.
  • Si percibes que un niño no dice la verdad, sobre todo si está a la defensiva o discute, dejala conversación en suspenso: «Me encantaría seguir hablando de esto después de comer.Vuelve más tarde, cuando tú y el niño estéis más centrados, y utiliza entonces las Preguntas de Curiosidad Conversacional.
  • Estímulo-El estímulo intencionado -los cumplidos y el aprecio- suele pasarse por alto porque la sinceridad es algo que los adultos esperan, no suelen celebrar. Sin embargo, los niños y adolescentes están moldeando sus comportamientos prosociales y su brújula moral. Dedica tiempo a reconocer la honestidad, sobre todo en momentos en los que sería tentador ocultar la verdad, para salvar las apariencias, evitar la decepción o pensar que nadie lo sabrá.
  • Hazlo de nuevo-Di con una sonrisa cálida y cómplice: «Parece que no es toda la verdad. No tienes problemas, ¿te gustaría repetirlo?».
  • Pequeños pasos:si un niño parece indeciso a la hora de decir la verdad y responde : «No lo sé», pregúntale : «¿Qué dirías si lo supieras?». Luego mantente Presente, Cálido y Silencioso (PWS). Si ofrecen algunas partes de la verdad, anímales a dar un paso más: «¿Qué podría haber ocurrido entonces?» o «¿Es posible que…?». Trabaja con lo que tienes. Con los niños mayores, puedes ofrecerles una sonrisa cómplice sin confrontación directa; ¡una expresión facial puede valer más que muchas palabras!
  • Utiliza el humor-Esto funciona muy bien con la negación, sobre todo si es obvia. Puedes exagerar su historia con una gran sonrisa: «¡Debe de haber entrado un ladrón en nuestra clase! Seguro que sacó el juego de sellos después de que lo guardaras y luego le puso tu etiqueta con tu nombre. ¿Llamamos a la policía?».
  • Céntrate en las soluciones:no discutas, no culpes. En lugar de eso, expresa comprensión, di lo que sabes y luego céntrate en las soluciones: «El bolígrafo de Connor es muy chulo. Comprendo que hayas tenido la tentación de quitárselo. ¿Cómo crees que puedes solucionarlo con Connor?».
  • Presencia, calidez y silencio-Si sabes que un niño no está diciendo la verdad, dile: «Hmmm… esto parece un cuento». Luego no digas nada más. Permanece presente y cálido, esperando con confianza a que el niño comparta la verdad. Puede que te sientas incómodo, y no pasa nada. Tu incomodidad suele reflejar la suya. Siéntate y deja que se produzca la magia. Este enfoque da al niño la dignidad de autocorregirse con un apoyo amable y firme.
  • Resuelve los problemas con amabilidad y firmeza:la resolución de problemas es una de las formas más eficaces de evitar respuestas permisivas o autoritarias ante la deshonestidad. Utilizando los Cuatro Pasos para el Seguimiento (PDMC, págs. 132-142), comparte tus observaciones y sentimientos, permite que el niño comparta los suyos (escucha), y luego intercambiad ideas y elegid juntos soluciones al problema. Nadie se mete en problemas, pero el asunto se aborda con amabilidad y firmeza.
  • Consecuencias naturales:las consecuencias naturales se producen por sí solas, sin necesidad de intervención adulta. Con alumnos de primaria y adolescentes, hay numerosas consecuencias naturales cuando un niño no dice la verdad: falta de confianza, relaciones tensas, problemas sin resolver, sentimientos heridos o enfadados, etc. Cuando se produzcan las consecuencias, utiliza Preguntas de Curiosidad Conversacional para ayudar al niño a revisar la situación de forma constructiva y a centrarse en cómo reparar sus errores.

Respuestas erróneas a los objetivos

«Un niño que se porta mal es un niño desanimado». (Dreikurs, 1964)

Cuando los niños se sienten apoyados y animados en el entorno del aula, y saben que pertenecen (son queridos) y se sienten significativos (a través de la responsabilidad y la contribución), prosperan. Con orientación, desarrollan la amabilidad y el respeto hacia los demás y hacia sí mismos, y descubren lo capaces que son.

Cuando los niños se sienten desanimados, se portan mal porque tienen una creencia errónea sobre cómo pertenecer y sentirse significativos. Como observó Rudolph Dreikurs, los niños adoptan cuatro objetivos erróneos cuando se sienten desanimados.

A continuación encontrarás ideas prácticas para apoyar el cambio positivo de la conducta disruptiva para cada objetivo erróneo. Algunas de las respuestas generales anteriores están incluidas y alineadas con los objetivos erróneos.

Atención indebida (Fíjate en mí – Implícame útilmente) – Los niños cuyo objetivo erróneo es la atención indebida pueden no decir la verdad para llamar la atención, para que los demás (amigos o adultos) se ocupen de ellos o para evitar la desaprobación. La mentira puede incluir exageraciones, cuentos chinos, negociación y manipulación, complacer a la gente y negar responsabilidades.

Respuestas: No «persigas la mentira» con interrogatorios o atención extra. Utiliza preguntas de curiosidad conversacional. Utiliza el humor: exagera la falsedad con una sonrisa. Ofrece vías constructivas para obtener «atención útil», sobre todo mediante una contribución positiva a la comunidad, como ayudar. Ofrece una «segunda oportunidad». Escribe una nota en lugar de hablar: «Me he dado cuenta de que estás utilizando el lápiz de María. ¿Se lo has pedido?». Observa y fomenta la sinceridad.

Poder Equivocado (Déjame Ayudar – Dame Opciones) – Los niños con el objetivo equivocado de Poder Equivocado pueden mentir para mantener su percepción de poder personal, agencia y dignidad. Mentir puede incluir decir sí pero hacer no, omitir hechos, negar responsabilidades, culpar y ocultar.

Respuestas: Aborda la deshonestidad en privado para ayudar al niño a preservar su dignidad. Ofrece la verdad con comprensión: «¿Es posible que le empujaras porque estabas enfadado o dolido?». Céntrate en la resolución de problemas utilizando los Cuatro Pasos para el Seguimiento. Evita preguntas de interrogatorio como: «¿Ese lío es tuyo?». En su lugar, ofrece opciones limitadas para guiar la acción: «¿Quieres usar la escoba o la aspiradora para eso?».

Venganza (Me duele – Valida mis sentimientos) – Los niños cuyo objetivo erróneo es la Venganza pueden mentir cuando se sienten heridos o amenazados. Sus mentiras pueden ser premeditadas o reactivas y estar cargadas emocionalmente, ya que buscan justicia o retribución por un daño real o percibido. Como los niños con este objetivo erróneo hieren a otros intencionadamente, tienden a recibir fuertes reacciones negativas de compañeros y adultos. Es probable que la deshonestidad adopte la forma de negación y de culpar a los demás. La mentira también puede incluir mentiras estratégicas para causar consecuencias a otros, distorsionar los detalles de los hechos, decir falsedades para castigar socialmente a otros o mentiras encubiertas (actuar amablemente ahora con la intención de vengarse más tarde).

Respuestas: Aborda primero las emociones y luego el comportamiento. Dedica tiempo intencionadamente a conectar y crear confianza. Modela la reparación. Muestra confianza en el alumno siempre que sea posible y verbalízala. Utiliza la escucha reflexiva. Valida los sentimientos, luego céntrate en la reparación: «Te habrás sentido herido y enfadado para herir a Diana. Cuéntame qué ha pasado. ¿Estás bien? ¿Cómo se sentirá Diana? ¿Quieres ir a ver cómo está?» Aborda la deshonestidad en privado. Evita el castigo. Permite consecuencias naturales y apoya la reflexión posterior con Preguntas de Curiosidad Conversacional.

Ineptitud Supuesta (No me abandones – Enséñame un pequeño paso) – Un niño con el objetivo erróneo de la Ineptitud Supuesta puede mentir por miedo al fracaso o para evitar ser juzgado, porque cree que no es capaz y que no pertenecerá a menos que sea perfecto. Los comportamientos deshonestos pueden incluir ocultar errores, minimizar el esfuerzo, infravalorar el éxito, culpar a otros o a factores externos para proteger la imagen de sí mismo, fingir que sabe algo y la omisión.

Respuestas: Crea oportunidades de éxito. Evita situaciones que puedan inducir a mentir. Da pequeños pasos hacia la verdad: «¿Podría ser que…?». Comparte tus propias imperfecciones para generar confianza. Enseña habilidades para una autoevaluación precisa. Céntrate en la consecución de una «marca personal». Da espacio, y luego vuelve a dar vueltas: «Confío en que me digas la verdad. Volvamos a hablar cuando acabe mi clase de matemáticas». Observa las precisiones en su narración y pregunta: «¿Qué más es verdad?».

El resto de la historia

Si algo aprendí en la formación Montessori y de mis mentores, es que la observación es nuestra amiga. Por lo que observé de las interacciones de Mark con compañeros y adultos, a menudo mentía a la defensiva, anticipándose a la culpa. Sus mentiras solían ser negaciones o intentos de desviar la responsabilidad. Parecía tener miedo de «meterse en líos». Consultando la Tabla de Objetivos Erróneos, descubrí que el objetivo erróneo de Mark era la Venganza, lo quesignificaba que creía que no pertenecía al grupo, por lo que hería a los demás del mismo modo que se sentía herido. Como resultado, recibió fuertes reacciones negativas de los demás. A su vez, utilizó la deshonestidad para defenderse. Esto, por supuesto, empeoró las cosas. Comprender esta motivación camuflada y sus reacciones cambió mi forma de acercarme a él.

Empecé a reunirme con Mark en privado tras los incidentes en los que mintió y me esforcé por escucharle reflexivamente sin juzgarle. Poco a poco, empezó a decir la verdad. Al principio, eran verdades parciales, pero fue una mejora. Después de escucharle, nos centramos juntos en reparar el daño en lugar de limitarnos a asignar consecuencias. Lo que descubrí durante este proceso fue que Mark era muy sensible; cuando se sentía escuchado y validado, casi siempre quería hacer las paces con sus amigos.

Más o menos al mismo tiempo, uno de los niños sacó el tema de las mentiras de Mark en una reunión de clase. Muchos de los alumnos expresaron que se sentían heridos, pero que también querían ser amigos de Mark. Mark admitió que se había sentido excluido. A continuación, la clase hizo una lluvia de ideas sobre formas de responder cuando alguien falta a la verdad y estrategias para ayudar a Mark a sentirse incluido.

Estos hechos ocurrieron hace más de 20 años. No recuerdo lo rápido que Mark dejó de hacer daño a sus compañeros, pero no fue mucho tiempo. Mark no sólo permaneció en nuestra escuela, sino que se convirtió en un miembro muy querido de nuestra comunidad.

Esta historia puede parecer un cuento de hadas, pero no lo es. Es una historia real. Años después, Mark visitó nuestra escuela para saludarnos. Hoy es un exitoso ejecutivo de ingeniería en Nueva York y parece feliz y bien adaptado, un bonito recordatorio de que incluso las situaciones más difíciles son oportunidades para crecer y aprender. ¡Progreso, no perfección!

Referencias

Asociación Americana de Psicología. (2022, 20 de julio). La verdad sobre por qué mienten los niños, con Victoria Talwar, PhD (podcast Hablando de Psicología).

Arky, B. (2025, 17 de octubre). Por qué mienten los niños y qué pueden hacer los padres al respecto. Instituto Mente Infantil.

Ding, X. P., Wellman, H. M., Wang, Y., Fu, G. y Lee, K. (2015). El entrenamiento en teoría de la mente hace que los niños pequeños honestos mientan. Ciencia Psicológica, 26(11), 1812-1821.

Dreikurs, R. (1964). Los niños: El desafío. Hawthorn Books.

Evans, A. D., y Lee, K. (2013). Aparición de la mentira en niños muy pequeños. Psicología del desarrollo, 49(10), 1958-1963.

Guo, C. X., y Rochat, P. (2025). ¿Qué motiva las mentiras tempranas? El engaño en niños de 2½ a 5 años. Revista de Psicología Infantil Experimental, 249, Artículo 106079.

Montessori, M. (2007). María Montessori habla a los padres: Una selección de artículos (Vol. 21). Editorial Montessori-Pierson.

Nelsen, J., y DeLorenzo, C. (2021). Disciplina positiva en el aula Montessori. Prensa para padres e hijos.

Over, H. (2016). Los orígenes de la pertenencia: La motivación social en bebés y niños pequeños. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, 371(1686), 20150072.

Talwar, V., y Lee, K. (2008). Correlatos sociales y cognitivos del comportamiento mentiroso de los niños. Desarrollo Infantil, 79(4), 866-881.

2025 Chip DeLorenzo

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Sobre el autor

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Chip DeLorenzo

Chip DeLorenzo, educador Montessori experimentado que ha desempeñado diversas funciones durante más de 25 años, es formador, consultor y coautor de Positive Discipline in the Montessori Classroom (Disciplina positiva en el aula Montessori). Trabaja con profesores, padres y escuelas de todo el mundo para ayudarles a crear entornos Montessori que promuevan el respeto mutuo, la cooperación y la responsabilidad.

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